Las
clases de Aikido para niños, es abordada en esta escuela,
teniendo en cuenta dos aspectos:
el físico y el ético.
Aspecto Físico
Que consistirá en enseñar las técnicas, los
desplazamientos, las posturas, las caídas, los principios básicos
de la disciplina, y en este sentido, los siguientes son
algunos de nuestros objetivos :
►
Ayudar al niño a reconocer sus capacidades y posibilidades,
tanto como sus limitaciones y que, a través de la toma de
conciencia de que él es su cuerpo, y por medio de sus
acciones motrices, use, disfrute y valore su propio cuerpo.
►
Que a partir de la interacción con los otros -piedra
fundamental de este arte-,y a través de la diferenciación y
semejanza con ese otro, el alumno construya su identidad
reafirmando su singularidad y posibilitando una relación de
mutuo respeto con el compañero con el que construirá su
conocimiento sobre este arte. dicha interacción generará
inmejorables oportunidades para desarrollar sus capacidades lógico-motrices,
relacionales, expresivas y sociales. esto involucra tanto a
las prácticas específicas del Aikido como las actividades lúdicas
que se insertarán en las clases teniendo en cuenta tres
perspectivas que luego desarrollaremos.

►
Por último, pretendemos como extensión de la educación física
que el niño recibe en la escuela:
-
Colaborar en la estructuración de su
esquema corporal.
-
Proporcionar herramientas para prevenir
accidentes mediante el desarrollo de fuerza y destreza y de la
atención perceptiva.
-
Proporcionar herramientas para un eficaz y
económico uso de su energía.
Aspecto
Ético
Creemos que radica aquí nuestro mayor desafío, ya que nos
proponemos crear un grupo de práctica en el que la principal
premisa sea aprender a vivir y compartir con los demás. la
idea de este aprendizaje radica en la posibilidad de concebir
una educación que permita evitar los conflictos o
solucionarlos de manera pacífica, fomentando el conocimiento
de los demás, de sus culturas y espiritualidad. desde esta
escuela de Aikido, nos proponemos crear en las clases -tanto
de niños como de adultos-, un ambiente de igualdad, con
objetivos comunes, de modo que los prejuicios y la hostilidad
subyacentes puedan dar lugar a una cooperación más serena o,
incluso, a la amistad.

Cuando hablamos del aspecto ético, nos referimos en cierta
forma a lo que hoy se denomina en el ámbito del currículum
de la educación general, "formación o educación en
valores", y en consonancia con una postura filosófica y
pedagógica que postula que dichos valores son tales cuando se
cristalizan en actitudes y comportamientos concretos,
comprometidos con la realización de los propios proyectos de
felicidad y perspectivas comunes de vida. no se trata de
inculcar en forma dogmática una doctrina o escala de los
mismos, sino privilegiar la enseñanza de saberes que permitan
la construcción autónoma de la personalidad moral y la crítica
racional de validez de las normas. dichos valores son los que
sustentan la vida en democracia: la libertad, la dignidad, el
respeto a las normas, el compromiso, la responsabilidad, la
honestidad, la veracidad, la equidad, la justicia, la
paciencia, la solidaridad, la tolerancia, la paz, la no
violencia etc, en síntesis intentaremos crear un espacio en
el que podamos contribuir a la toma de conciencia de la
diversidad humana y a su vez de la interdependencia entre
todos los seres humanos. |
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Para Jean Piaget, la moralidad puede adoptar dos formas
cualitativamente diferentes: una basada en la coerción y
otra
en la cooperación. estos dos tipos de moralidad forman una
secuencia evolutiva: el desarrollo moral del niño avanza a
través de dos niveles de juicio moral; el primero se
caracteriza por una orientación heterónoma, y el segundo por
una orientación autónoma, y nuestro cometido es precisamente
reforzar y ayudar a construir esta última como respuesta a
una realidad en la que la anomia social se convierte cada vez
más en el denominador común.

La intención de enseñar la no violencia
desde un dojo, se
plantea como una inmejorable oportunidad para desarrollar este
trabajo, por la aparente contradicción o paradoja que genera,
esto es: aprender qué es la tolerancia, la paz, la
solidaridad, la no violencia, etc. en un lugar en el que se
entrena para la lucha. quizás sea una tarea ardua en un
contexto socio-histórico como el actual en el que se tiende a
privilegiar el espíritu de competencia y el éxito
individual, pero es la única forma que creemos, se puede
llevar adelante este proyecto, ya que al iniciar con los niños
desde los primeros pasos de sus aprendizajes, un proceso en el
que se los concientice de que: la verdadera lucha o batalla
que deberán proponerse ganar en sus vidas es la que se libra
con uno mismo, que los objetivos a lograr no tienen que ver
con el derribar al otro sino con el construir y hacer crecer
su auto-concepto, su sentido de la responsabilidad, de la
tolerancia, de la paciencia, hacia los defectos propios y de
los otros etc, en definitiva que lo que han venido a aprender
es a encontrar su camino.

Educando el Futuro
Finalmente, nuestro objetivo es educar a los guerreros del futuro, en los términos en los que el mismo creador de aikido,
Morihei Ueshiba, lo hizo:
"el camino del guerrero ha sido mal interpretado como un medio para matar y destruir a otros. aquellos que buscan la competencia comenten un grave error. golpear, lastimar destruir es el peor pecado que un ser humano puede cometer. el verdadero camino del guerrero debe impedir la matanza, es el arte de la paz, el poder del
amor".
Estas fueron sus visiones durante la peor de las batallas de la segunda guerra mundial y en uno de los períodos mas oscuros de la historia humana.
Desde el rol docente, quienes abordamos tan compleja tarea, tenemos como metas:
►
Establecer el vínculo con el ser humano que se encuentra debajo del rol de alumno.
►
No perder de vista la función propedéutica - educar en función de sentar bases para los futuros aprendizajes- de este espacio. el preparar a nuestros niños para la vida, para un futuro incierto, complejo y
ojala más promisorio que el presente porque tal como lo plantea
J. Etcheverry en palabras de
N. Postman, en su obra
"La Tragedia Educativa":
"Los niños son los mensajes vivientes que enviamos a un tiempo que no hemos de
ver."
Sandra Balarino Sensei, junio 2004
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