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"...La montaña no se burla del río porque este corre
por debajo, como tampoco se ríe el río de la
montaña porque esta permanece inmóvil.."
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Si observamos
los distintos hábitat de
nuestro planeta
descubriremos una constante
que está siempre presente:
la diversidad. Miles y miles
de especies de animales y
plantas cubren hasta el
último centímetro cuadrado
de la superficie del globo,
algunas muy parecidas, otras
muy diferentes. Las
distintas especies son
producto de los mecanismos
de adaptación a cambiantes
condiciones
medioambientales. Si
observamos la obra de la
naturaleza, como sabiamente
aconsejaba O’Sensei
Morihei Ueshiba,
encontraremos que lo único
que no cambia es el cambio
mismo. Si plantamos dos
semillas de un mismo árbol,
una en un lugar húmedo,
cálido, con suelo fértil y
reparada de los vientos, y
otra en suelo rocoso, seco,
a merced de las inclemencias
del tiempo, con los años
obtendremos dos individuos
de la misma especie pero de
aspecto completamente
diferente, incluso la
calidad de su madera será
distinta |

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En Aikido no
debería ser distinto. El maestro
Ueshiba concibió su arte
como una disciplina dúctil,
flexible, adaptable, no rígida,
y cerrada. No debemos temer a la
investigación y al aporte
personal: todas las experiencias
suman y enriquecen.
Paralelamente a mi actividad con
las artes marciales he dedicado
mi vida a la música y puedo
decir que en ella, al igual que
en cualquier otra manifestación
artística, la variedad y la
búsqueda personal han llenado el
mundo de obras maravillosas. La
ciencia es otro gran ejemplo y
así con todos los aspectos del
conocimiento humano.
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Por otro
lado, todos sabemos que no
hay un sólo modo de hacer
Aikido, como así tampoco hay
un sólo modo de interpretar
la sonata "Claro de Luna" de
Beethoven o de bailar
"El Lago de los Cisnes" de
Tchaikovsky. Basta
ver dos maestros
pertenecientes a una misma
escuela para rápidamente
detectar diferencias
notables en la ejecución de
las técnicas. ¡Y bienvenida
sea la diferencia!
Habrá quienes prefieran una
forma y quienes prefieran
otra, el libre albedrío es
una potestad del ser humano.
Lo importante es mantener,
como buen aikidoka, un
espíritu abierto, tolerante
y comprensivo; desterrar el
prejuicio, el preconcepto y
toda forma egocéntrica y
autoritaria de juzgar a los
demás, tomando conciencia de
que mi verdad tal vez no sea
la verdad, sino una forma
más de interpretar la
realidad.
Y en cuanto a pertenecer a
tal o cual organización, es
mi humilde opinión que las
organizaciones de aikido,
sean enormes o pequeñas, son
medios no fines en sí
mismas. Sirven, o al menos
deberían servir, para
facilitar la difusión del
arte. Y en este sentido
concluyo con una frase del
maestro Mitsugi Saotome
Sensei, discípulo
directo de O’Sensei
Morihei Ueshiba:
"...Ni
Europa, ni Estados Unidos,
ningún otro país puede
considerar al Aikido como
algo propio. ¡Ni siquiera
Japón! Tampoco el Aikido
puede ser acaparado por una
organización, cualquiera que
ésta sea. El Aikido no es de
nadie y no pertenece a
nadie..." |
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