
La más minuciosa
etiqueta presidía el manejo del
sable, y cualquier trasgresión
de las reglas podía ser
interpretada como un insulto al
honor personal. Cada acto de
sostener, limpiar examinar un
sable, así como colocarla en
exhibición, seguía un intrincado
patrón de reglas, que estaban
basadas en las consideraciones
prácticas de la defensa
personal.
|
"Un guerrero
podía elegir mostrar su
sable a otra persona en
quien confiara y que había
solicitado verlo, pero el
pedido de ver un sable se
hacía raramente a menos que
el filo en cuestión tuviera
alguna característica
especial. Sin embargo, un
sable jamás debería, a
riesgo de perder la vida,
ser tomado sin antes pedir
el permiso del guerrero
dueño. Si el dueño aprobaba
el pedido, primero
ejecutaría zarei, una
profunda reverencia hacia el
sable que descansaba en su
armero, hecho desde la
posición llamada seiza,
una postura formal sentado
de rodillas en la cual los
pies se encuentran debajo de
las nalgas. |
 |
Entonces, después
de quitar el sable de su armero
y de pedir perdón a los
presentes, el dueño retiraba
cuidadosamente la hoja de su
vaina. Este desenvaine de la
hoja era hecho con la mano
derecha mientras la izquierda
sostenía la vaina, palma hacia
arriba, un poco más arriba del
medio, con el borde cortante del
filo hacia arriba.
El dueño entonces
removía todo resto de aceite de
la hoja frotando cuidadosamente
la superficie con washi,
un papel fibroso suave hecho a
mano que no raya o de otro modo
echaría a perder el gran acabado
del metal. Después de esta
operación de limpieza el dueño
espolvorea la hoja con uchiko,
un polvo fino especial que
absorbe los mínimos restos de
aceite y también sirve como el
más suave de los abrasivos para
darle brillo a la hoja. Después
de otra pasada de washi
para quitar el polvo la hoja
está lista para la inspección
del invitado.
Las acciones de los guerreros de
ofrecer y recibir el sable para
apreciarlo eran llevadas a cabo
con ambas personas sentadas en
seiza uno frente al otro.
Adecuadamente usada en estas
ocasiones, seiza es considerada
como una postura "muerta", esto
es, no fácilmente utilizable en
movimientos rápidos para
propósitos agresivos. Esta
posición era siempre tomada
sobre la superficie desnuda de
las esteras o en pisos de madera
y nunca en un zabuton
(almohadón), que podría
obstaculizar el rápido cambio a
una postura defensiva si fuera
necesario.

Al manipular su sable para la
inspección, el guerrero seguía
uno de dos métodos básicos:
presentar el filo desnudo, o
encerrado en su vaina.
En el uso de cualquiera de estos
métodos el sable debía ser
ofrecido con su borde cortante
dirigido hacia el dueño, de otro
modo sería un gran insulto sino
una amenaza para quien lo
recibe. Cuando entregaba el filo
desnudo, el dueño podía usar
cualquier mano, a condición que
aferrara la empuñadura por su
extremo final y la sostuviera en
posición vertical.
Algunos guerreros, sin embargo,
consideraban el uso de la mano
derecha en esta transacción un
acto grosero, no totalmente
libre de intención agresiva,
real o imaginada, de parte del
dueño. Por esta razón ellos
preferían ofrecer el sable sólo
con la mano izquierda.
Sin importar con que mano el
filo desnudo era ofrecido al
solicitante, el era más
cuidadoso al recibirlo con su
mano opuesta, tomando la
empuñadura sobre la mano del
dueño cerca del guardamano (tsuba).
Esta manera de recibir el sable
ofrecía óptimas chances para la
defensa de ambos lados, dejando
una mano libre que emparejaba la
del otro. Después de tomar la
empuñadura, y después de que el
dueño la haya soltado, el
guerrero cuidadosamente la asía
con ambas manos, inclinaba
ligeramente la cabeza en
reconocimiento de la confianza
que le fue depositada, y
realizaba cualquier examen de la
hoja o la empuñadura que
deseara, siempre cuidadoso de
alejar el filo o la punta de la
hoja de su anfitrión o de otras
personas que pudieran estar
presentes.
Al examinar la hoja, la persona
no debía tocarla, aunque podía
tomarla con un trozo de seda o
washi sobre su mano
izquierda. También tenía
cuidado de no respirar sobre la
hoja, y, como precaución, a
veces sostenía un trozo de tela
o papel en la boca para obstruir
el aliento y la humedad.
Cuando había concluido su
examen, regresaba la hoja
desnuda revirtiendo
escrupulosamente el proceso, a
lo que el dueño respondía del
modo apropiado. El dueño podía
entonces, en presencia de sus
invitados, re-aceitar la hoja
antes de envainarla y devolverla
a su armero y hacer un último
saludo sentado (zarei) al
sable.
El ofrecer y aceptar el sable en
su vaina con el propósito de
examinar todas sus
características era una cuestión
un poco más complicada. Pero
aquí también las exigencias de
defensa dictaban el método de
proceder del guerrero.
Después de sacar su sable del
armero primero lo limpiaba del
modo antes descrito y luego lo
retornaba a su vaina. Al ofrecer
el sable envainado a su huésped,
lo sostenía en un plano
horizontal con su borde cortante
hacia el, la empuñadura hacia la
izquierda. Su mano izquierda,
palma hacia arriba, se ubicaba
mitad en la vaina, mitad bajo el
guardamano, y su mano derecha
tomaba la vaina cerca del
extremo con la palma hacia
arriba o hacia abajo.
El invitado aceptaba el sable
extendiendo ambas manos, tomando
la empuñadura palma hacia abajo
con su mano derecha, y la vaina
con su mano izquierda palma
hacia arriba en un lugar más
adentro de la mano derecha del
dueño.
Inclinando la cabeza hacia el
dueño, el invitado levantaba
ligeramente el sable delante de
el como un signo de respeto
hacia el mismo y en
reconocimiento a la confianza en
el depositada. Entonces llevaba
el sable cerca de su cuerpo y
comenzaba a desenvainarlo.
Sacaba lentamente la hoja con su
filo hacia arriba tomando la
empuñadura con su mano derecha y
la vaina con su mano izquierda
palma hacia arriba. No era
correcto examinar el sable hasta
que no era retirado
completamente de la vaina. El
examen seguía el mismo
procedimiento que cuando el
sable se entregaba desenvainado,
con la excepción de que la vaina
era primero depositada
cuidadosamente en el suelo al
costado izquierdo del
examinador, con la boca (koiguchi)
hacia atrás.
Si deseaba examinar la parte de
la hoja que continúa dentro de
la empuñadura, primero debía
envainar la hoja, depositarla en
el suelo enfrente de el con el
lado apropiado hacia arriba, y
suavemente golpeaba la espiga de
retención de la empuñadura con
una herramienta especial para la
tarea. Removida la espiga el
sable era retirado de su vaina
con la mano derecha, la mano
izquierda sosteniendo la vaina
como antes. Cambiando el sable a
la mano izquierda, y mientras lo
sostiene con el filo hacia el,
lleva el mismo a una posición
oblicuo-vertical. Entonces lleva
la base de su puño derecho
cerrado vigorosamente contra la
parte de la mano izquierda entre
los dedos pulgar e índice. Esta
acción afloja la hoja de la
empuñadura.
La empuñadura es entonces
retirada y depositada a un lado,
y el sable es una vez más
introducido en su vaina, filo
hacia arriba. Cuando este examen
concluía, el observador
restituía la empuñadura después
de quitar el sable de la vaina,
la empuñadura floja era ajustada
tomándola con la mano izquierda
y golpeando suavemente su
extremo contra la palma abierta
de la mano izquierda hasta
alinear los orificios de la hoja
y de la empuñadura.
Luego se insertaba nuevamente la
espiga para fijar la empuñadura
y se envainaba la hoja filo
hacia arriba. En este momento el
observador concluía su examen
inspeccionando la vaina antes de
devolver el sable a su dueño. Al
devolverlo el examinador repetía
cuidadosamente el mismo proceso
antes realizado por el dueño del
sable."